Has notado cómo al estar frente a la famosa obra la Mona Lisa, ¿ella parece que te busca con la mirada? Lo mismo ocurre cuando entras a un templo y las imágenes de los santos parece que nunca dejan de mirarte, pues es un simple ejemplo de los efectos de la óptica que el genio de Leonardo Da Vinci aplicaba a sus obras, al igual que otros artistas. Tú puedes aplicarlo en tus exposiciones y discursos creando un punto imaginario a tu favor, que en el otro extremo de la sala y en cada participante les da la sensación de que tú los estás mirando.

Sergio Barbero Briones, miembro de la Sociedad Española de Óptica explica que el dominio de la perspectiva en tiempos de Da Vinci permitía aumentar la sensación realista de las representaciones artísticas, no es de extrañar la importancia que Leonardo atribuyó a esta ciencia. En la Edad Media la ciencia de la óptica se denominaba perspectiva y se ocupaba del estudio geométrico de la representación visual de las escenas que observamos.
La perspectiva, aplicada a la pintura, pretendía averiguar la mejor manera de generar una sensación visual de profundidad. Leonardo se enmarca plenamente dentro de esta revolución de la pintura que tiene lugar en el Quattrocento italiano – el pionero fue el florentino Filippo Brunelleschi (1377-1466). Entre la perspectiva, la distancia y la mirada se encuentra el manejo de la proxémica (distancia entre el orador y su público). Es una distancia prudencial que debes guardar con tu público; ni tan cerca porque puedes resultar invasivo, ni tan lejos porque puede parecer despectivo. La mirada puede resultar fundamental acá porque ella significa acercamiento con las personas sin necesidad de hacerlo físicamente.