Reflexionemos un poco sobre lo que es un orador. Hay personas que nacen con talentos particulares, personas que desarrollan estos talentos a través de la vida, hay quienes nacen y hay quienes se hacen. Sin embargo, si naces con ese talento o lo desarrollas durante tu vida siempre vas a aprender algo nuevo todos los días; como ejemplo está el pianista que perfecciona diariamente su habilidad con los dedos, es alinear el cerebro y sincronizar obviamente los dos hemisferios para poder crear música, recordemos que las teclas del piano van de graves a agudas de izquierda a derecha, en una amplia gama de sonidos en varias escalas, esas escalas van cambiando de sonoridad a través de acordes, una combinación de notas y precisamente ese mundo tan complejo que resulta de ejecutar un instrumento como el piano, necesita ejercicio constante. Es lo mismo que hace un orador, lo mismo hace un comunicador: formarse continuamente.

Un orador puede, como ya les indicaba, nacer con un talento particular, son personas adelantadas. Sabemos de personas con un talento peculiar y distintivo para comunicarse, a cualquiera nos ha ocurrido que en grupos siempre hay alguien que destaca sobre los demás, ese a quien los demás siguen, miran, escuchan y obviamente también le hacen caso, pero en ocasiones no se da cuenta de que tiene este talento. Pero quienes sí saben que lo tienen lo desarrollan de una manera extraordinaria, hasta el punto de lograr influir y en casos extraordinarios incluso, manipular masas.
Esto conlleva a un patrón de comportamiento para el orador, que debe ser una persona generadora de credibilidad en los demás. El orador tiene que hacerse entender y predicar con el ejemplo. En la historia hay casos muy particulares sobre oradores que a través de ese gran talento o don que traen por naturaleza, han creado caos, ese es el caso de Adolf Hitler, el líder de la Alemania nazi que conquistó gran parte de Europa en la Segunda Guerra Mundial y que logró aniquilar a una gran cantidad de personas, no solamente judías sino de otras nacionalidades, incluyendo su propia nacionalidad, ciudadanos austríacos, recordemos que Hitler no era alemán, era austríaco. Pero también tenemos casos muy particulares de oradores extraordinarios para bien de la humanidad como Mahatma Gandhi, el líder espiritual de la independencia de India y Jesucristo, un caso más que influyente en la historia, el personaje más venerado de todos los tiempos.